Abstract Possible

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Como parte de los contenidos propuestos por Salón, a continuación una entrevista sobre SOMA, un programa para la profesionalización de artistas creado por artistas. El artista Yoshua Okón, uno de los fundadores, habla sobre los planes e implicaciones de su proyecto educativo.

¿Cuál es el punto de partida para desarrollar un proyecto como SOMA?

Es un sentimiento que yo creo que es más o menos generalizado en la comunidad, me atrevo a decir cultural, en un sentido muy amplio, y de manera más especifica en la comunidad de las artes visuales a la que yo pertenezco, un sentimiento de falta de diálogo.
Hay mucho espectáculo, muchas exposiciones, inauguraciones, va mucha gente, lo cual crea la impresión de que hay mucho movimiento cultural, pero muchas veces es de manera descontextualizada, o no hay el suficiente discurso o el suficiente diálogo en torno. El arte, cuando se descontextualiza y cuando carece de un aspecto discursivo, y que tiene que ver con el contenido y las ideas detrás del arte, se empieza a convertir mas bien en objetos de consumo que no están ligados a un contexto social y filosófico, etc.
Básicamente, para mí SOMA, a muy grandes rasgos, es crear una plataforma, un espacio físico y concreto el cual pueda desarrollar estos discursos, pueda crear un contexto para que la comunidad artística interactúe más y desarrolle el mismo sentido de comunidad. Hay muchos actores, pero cada vez nos aislamos más, sobre todo en la última década. Este espacio está diseñado para que ocurra mas diálogo y más interacción, y ultimadamente para desarrollar el sentido comunitario. La cultura requiere de estas dinámicas para realmente desarrollarse.

A partir de la plataforma cultural, y por lo consiguiente el punto de encuentro que provoca, ¿cómo se teje la propuesta educativa, el programa, la propuesta de formación, la generación de herramientas?

En términos estructurales contamos con tres secciones dentro de SOMA. Primero tenemos una sección que llamamos “eventos”, pero más bien se trata de pláticas. Se invita una vez por semana (los martes de SOMA) a alguien a hablar de lo que hace. Es una persona detrás de una mesa, en un ambiente bastante relajado, donde describe su práctica y es multidisciplinario, no necesariamente de arte, también puede ser un arquitecto, un filósofo, un psiquiatra, etc. Conozco mucha gente muy exitosa en la ciudad, pero que no sé necesariamente de qué va su trabajo, en qué están involucrados. En un formato de charla la gente puede realmente desarrollar sus ideas e interactuar con el público, y lo vuelve algo muy cotidiano y más aterrizado.
Otra sección es “la residencia”. La intención de la residencia es invitar a gente de fuera a pasar temporadas en la ciudad de México e interactuar con la comunidad local. Artistas del extranjero o de otras partes de la República pasan un tiempo en SOMA, dan clases y dan una plática. En otros casos, muchas veces tienes excelentes artistas en México, que están de visita para montar una exposición, pero no interactúan, no tienen una comunicación ni relación con la escena local. Nosotros traemos a la gente no para que esté ensimismada con su propia obra, sino para que se abra y pueda compartir, lo cual crea lazos a larguísimo plazo. Es algo que yo viví con otro proyecto que tuve, llamado La Panadería,
En términos filosóficos, mi idea de la educación es algo muy orgánico, no es una cuestión progresiva. Inclusive la palabra programa no es la adecuada, no hay una línea progresiva, es más bien crear un ambiente y un contexto dentro del cual se den las condiciones para que ocurran estos diálogos, que cada estudiante pueda ir desarrollando su propia práctica y utilizando las herramientas que tiene alrededor. No es una educación jerárquica, es más bien de abajo hacia arriba, y la dinámica es muy horizontal. Existe un tutor que guía, pero la gente que se inscribe se entiende ya como gente pensante, como artistas jóvenes con un desarrollo, y a partir de esta dinámica pueden acelerar el desarrollo de su proceso. Se va aprendiendo de manera orgánica, sobre la base de compartir experiencias y sobre la base del diálogo.
Por lo tanto, la tercera parte, o programa académico, se estructura por trimestres. En cada trimestre invitamos a cuatro personas por ahora, aunque pensamos expandirlo. Estas personas no necesariamente tienen que ser artistas, aunque sí hay un enfoque al terreno del arte contemporáneo. Se dan sugerencias a quienes van a impartir el curso, pero se da mucho campo a que inventen una nueva dinámica. Por ejemplo, el próximo semestre el artista Mario García Torres va a enfocar su taller a que los participantes realicen una pieza basada en piezas ya existentes, un remake. Mi taller, basado en la maestría que hice yo en UCLA, va a ser a partir de críticas uno a uno con los alumnos, sobre la base de lo que están haciendo.

Desde el punto de vista del estudiante, ¿cómo es su involucramiento con el programa más allá de una cuestión puntual por taller? ¿Hay una construcción de un programa más a largo plazo?

Es un programa de dos años. No es un programa “progresivo” con una línea o con una agenda; esta constituido por un cúmulo de talleres y créditos. Los alumnos tienen dos opciones, inscribirse al programa completo, y al final se les otorga un certificado (no un diploma, pues no estamos acreditados y no queremos estarlo), y otra opción es entrar solamente a un taller.

No hay una progresión en el programa de largo plazo, pero planteas un sentido de finalidad. ¿Por qué son dos años?

Dos años es una convención de una maestría, y lo que se está planteando aquí es una especie de posgrado. También está basado en la Reijsk Academie en Holanda, mi programa en UCLA que fue inventado por artistas… Es una manera de crear límites y parámetros, pero uno nunca termina de aprender, y eso es lo que plantea SOMA. El aprendizaje es una cosa de la vida entera. Muchos de los artistas que entran ya están exponiendo en galerías y museos, no hay un límite de edad, solamente necesitas un portafolios que te respalde y cierta trayectoria, que tengas el nivel para un posgrado.
Otra cosa que es importante mencionar en relación con tu pregunta: esta cuestión de falta de diálogo y discusión no es exclusiva de México, es algo que he podido ver en todos los lugares donde he vivido. Por ejemplo, en Los Ángeles hay muy buenas escuelas de arte, y muy buenos programas. En éstos se crean estos ambientes de diálogo de interacción, y al ser comunidades tan fuertes, es muy drástico cuando al salir de estudiar ahí todo mundo se aísla. Por eso SOMA busca ser ese híbrido entre una escuela y un espacio cultural…el programa de UCLA al que fui y … La Panadería, por ejemplo. Por eso hay muchos eventos abiertos al público, sin necesidad de estar inscrito. El sueño, la idea, es que aquí empiece a circular gente que no venga por una razón específica, que venga a tomarse un café, y exista esta dinámica de escuela de posgrado de arte de manera mas permanente.
En UCLA, el edificio con nuestros estudios era una especie de centro comunitario, vas ahí también a hacer amigos, a platicar, a interactuar. Muchas veces seguía la gente yendo a los estudios dos o tres años después de graduarse. Hay una necesidad de este tipo de espacios, que se conviertan en un epicentro de cierta comunidad, aunque ya no estés estudiando ahí.

No hay una ambición por tener una acreditación oficial, se entiende por la apertura y el planteamiento. A título personal, ya contando con una carrera, decides hacer un programa acreditado, en un cierto contexto, ¿en qué sentido crees que un planteamiento como SOMA enriquece o perjudica esa experiencia al no trabajarlo desde un perfil oficial, y por lo tanto no ofrecer la acreditación?

No es una cuestión filosófica o de contenido el no contar con acreditación, es una cuestión meramente práctica. Existen muchos problemas con tener acreditación, no es que tenga nada en contra. El hacerlo te da beneficios, pero las desventajas son mayores. En México no hay programas de posgrado en arte, más que uno en San Carlos, que es chico, malo, no respetado, ningún artista exitoso que yo conozca fue a ese programa. Los artistas exitosos con carreras internacionales o son autodidactas, no tienen una maestría y realmente no la necesitan, o gente como yo o Eduardo Abaroa que hicimos una maestría fuera de México.
Si nosotros queremos estar acreditados, nada mas gente con maestría puede dar clases, ahí ya estas eliminando a un grupo muy grande de artistas maduros interesantes en México que quieren dar clases, como el caso de Teresa Margolles.
Otra cosa que hay que tomar en cuenta es que el arte es una de las carreras donde el contar con un diploma no significa mucho. Por ejemplo la Reijks Academie es un programa prestigiosísimo pero no otorga un diploma, lo mismo el Whitney Independent Study Program. Que en tu curriculum de artista cuentes con una experiencia como éstas te ayuda mucho más que un certificado de la…maestría en arte en la Universidad de Illinois, por ejemplo. Te sirve para dar clases, y en ese sentido es una desventaja, pero a nivel de tu carrera vale gorro.
Otra desventaja: en el ámbito del arte es muy común ser autodidacta; entonces alguien que no tuvo una licenciatura pero que cuente con un portafolios y una carrera impecable no podría entrar a SOMA.
Y por ultimo, el lado burocrático también es una gran desventaja.

Al principio tienen una estructura muy ligera, y por lo mismo un entendimiento de lo que sucede dentro de su institución muy directo. Viendo ejemplos similares en otras disciplinas, su éxito y crecimiento implican desarrollar estructuras “académicas” mas formales. ¿Cómo es su plan de desarrollo en este sentido? ¿Podrían integrarse muchos otros programas, o prefieren mantener esa ligereza?

Hay una idea de ir complejizando, sofisticando lo que estamos haciendo, pero sí manteniendo esa ligereza. No hay el plan de crecer mucho. Algo de muy gran escala hace que la dinámica cambie. Los programas más exitosos que yo conozco en el mundo son programas que mantienen esa pequeña escala. Quiero que crezca y se desarrolle SOMA dentro de la idea y escala ya planteadas; pero mas allá de eso, no.
Mis planes son llegar a unos cuarenta alumnos de manera permanente, y por otro lado me interesa la interdisciplinariedad. Me interesa la interacción con arquitectos, con escritores, con artistas, como centro cultural, dentro del programa de charlas, pero en los talleres creo que el que mucho abarca poco aprieta. Ya existen programas de posgrado en México muy buenos para otras disciplinas, como por ejemplo el cine. No tiene sentido que nosotros crezcamos en términos de programas de posgrado, pero sí entender al arte contemporáneo como una disciplina increíblemente flexible, versátil y amplia. La maestría y el posgrado sí se entiende solamente como de arte contemporáneo, aunque los temas de los talleres sean mucho más variados, y no queremos ir más allá de eso. No me interesa, por ejemplo, un posgrado en escritura; ya existen programas.
Es un proyecto muy pensado para el contexto actual de la ciudad de México; no estamos intentando suplir, estamos tratando de hacer algo que no existe. Un posgrado en arte contemporáneo en esta ciudad no existe, y un espacio de integración entre disciplinas tampoco existe.

Siendo un proyecto que nace de una reflexión personal, pero se vuelve increíblemente público, ¿qué tan dependiente de esa cabeza es SOMA?, ¿estás construyendo estructuras que puedan vivir independientemente de tu involucramiento o interés?

Existe el lado cultural y orgánico de un proyecto, en el cual mucha gente interactúa y se construye una dinámica muy colectiva. Ésa es la idea, integrar distintos puntos. El lado administrativo es una realidad muy concreta también. Se busca en algún punto sí poder llamar a un director y que las cosas marchen por sí solas. De mi parte está crear la estructura, tanto de contenido como administrativa, y dejarla marchando.

Más allá de tu interacción en la dirección y a través de un taller específico, ¿existe mayor permeabilidad de las dinámicas y temas que despiertan un proyecto de esta naturaleza con tu propio trabajo como artista?

Sí, SOMA es el resultado de que yo siento que como artista uno necesita un contexto cultural, pues sin un contexto cultural determinado lo que haces acaba perdiendo relevancia. El hecho de que haya críticos, gente comentando, diálogo entre artistas, es fundamental. Así como buscamos en los noventa los artistas abriendo espacios, ahora se trata de crearnos como artistas el contexto apropiado para poder desarrollar nuestra práctica.

 

Esta entrevista fue realizada por TOMO. Para más información visite su página: SOMA

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