Abstract Possible

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El artista José León Cerrillo nos muestra su estudio y habla sobre su interés en la abstracción formal.

José León Cerrillo:Mi nombre es José León Cerrillo, este es mi taller. Les voy a mostrar en lo que estoy trabajando, que ahorita es una serie de esculturas de fierro y serigrafía. El trabajo que está aquí no es nada terminado, como que está en proceso de estar terminado.

La cuestión es que siempre las estructuras tienen alguna especie de mecanismo de percepción porque siempre son o espejos de doble vista o son vidrios bloqueados, o son marcos que simplemente enfatizan un cacho del espacio, los cuales se pueden atravesar. Y para este proyecto, en específico, las estructuras pasaron a ser bidimensionales porque son dibujos en la pared. Todos tienen que ver con esta cuestión de la percepción de cómo se localiza el sujeto enfrente de una de estas estructuras.

De una manera muy ilustrativa y didáctica, hay piezas como este cubo que es un Gestalt que se utiliza a veces en los tests psicológicos, que no son tanto de mi interés, pero lo que me interesa es que la geometría o la perspectiva se pueden utilizar como en una localización del sujeto. Y son cosas muy sencillas. En este caso en específico es como decir en dónde se posiciona […] si es arriba de la estructura o debajo de la estructura. Entonces son estas estructuras que cambian constantemente de perspectiva y no se pueden ver las dos a la vez.

Hay estas cruces dobles que se pueden percibir como una ventana, un marco, un agujero… O éstas, que son los círculos que delinean un vacío que al final puede ser también el cuadrado suprematista.

Todo esto se los digo a manera de introducir mi interés más específico que tiene que ver con el lenguaje. No tanto el lenguaje como una estructura abstracta sino el lenguaje como un sistema de significación para posicionar al sujeto. De ahí esta cuestión de la percepción, que quiere decir “la experiencia de estar en algo”. No tanto una onda objetiva en donde el sujeto siempre tiene que estar extraído de esa percepción, sino como esta cosa más como “el cuadro dentro del cuadro” en donde el sujeto siempre está incluido.

Una exposición que tomó forma en una residencia el año pasado fue justamente en esta investigación del fallido proyecto modernista. Me invitaron a hacer una exposición en Los Ángeles. En ese momento estaba haciendo un proyecto de investigación sobre los story houses. Me invitaron a vivir en una de las casas que tiene la fundación. Trabajaba en la casa, y luego durante mi residencia en la casa hice cuatro eventos, cuatro colaboraciones con distintos músicos, piezas hechas específicamente para la casa o para el concepto de la casa.

El primer performance fue con un compositor que se llama Juan Cristóbal Cerrillo, que es mi hermano. Estos fueron los dibujos preliminares para la partitura, y todas estas piezas tienen distintos dobleces y perforaciones; entonces las partituras se vuelven como unas cosas más escultóricas una vez que están hechas. Todos los dobleces son distintos en todas, las perforaciones también.

Al final llegaban a ser una especie como de casa, entonces las partituras se vuelven planos arquitectónicos y los planos se vuelven modelos para una casa.

Creo que es importante no caer en esta cuestión hiper-narrativa de la obra. La experiencia de la obra puede ser diseccionada. Uno puede decir que la base de esto es un texto o una fotocopia, entonces se crea como una inmediatez de entendimiento, que eso no me interesa mucho. Regresando a la cuestión del lenguaje, lo que me interesa son justamente los huecos en donde de repente quizá no funciona esa parte del lenguaje como para una cuestión didáctica o de entendimiento, entonces surgen cosas nuevas.

Lo del Tamayo es una pieza que se incluyó en el 2009 en la exposición que se llamó Hotel Edén. Muchas veces los proyectos tienen como base distintos textos, en el caso del proyecto Hotel Edén había un texto que se llama “Edén Edén Edén” de un autor franco-argelino que se llamaba Pierre Guyotat. Es un texto sin puntuación, es un texto que no tiene gramática. Hay muchísimas acciones pero los verbos a veces están mal conjugados, hay comas… Entonces, al final es un texto imposible de leer y al mismo tiempo es el texto absoluto, porque uno no tiene que leer todo el texto como para entender de lo que trata.

La estructura que se va a presentar en el Tamayo es una estructura que delinea un volumen. Una especie de cubo, un cuarto dentro del cuarto, con una serie de bloques. Yo les llamo así porque no son ni esculturas, ni pinturas, ni dibujos, son unos bloques en los cuales hay unos agujeros, están todos agujerados, y el agujero en sí define una forma o una palabra, entonces la única manera de leer la palabra es viendo a través de esta o a través del hueco. Y al mismo tiempo, dentro de estos huecos hay una especie de pantalla en donde se proyectan una serie de sombras.
No tengo una expectativa del participante, o del espectador de la obra. Como mi trabajo no es narrativo, en ese sentido no hay un parámetro de donde haya que partir. Evidentemente hay algunos pilares, unos puntos que me parecen importantes a considerar. Es un poco de lo que hablo […] del trabajo al final. Lo difícil de la experiencia es que es esta cosa hiper-objetiva y a la vez hiper-subjetiva, porque el sujeto está inmiscuido en la experiencia entonces no hay una guía que indique cómo se deben leer o se deben ver las obras.

Lo que me interesa de la abstracción es un poco como perderse. Al final está la cuestión tautológica o purista como de la abstracción por la abstracción en sí, y mi perspectiva del asunto es perversa porque justamente no es eso, si no al revés. Es la opción de tomar la abstracción como un campo de posibilidades, sin meternos al tema de la emancipación, sino al contrario, como algo que puede estar cargado de contenido. Esto es lo inverso a la visión purista de lo que es la abstracción, que se refiere a la reducción del contenido. Es perversa porque no la manera purista de ver las cosas.

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